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De mi noche Romántica venida a menos

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Taconazos

Un WhatsApp esta mañana a las 11:30 de mi mejor amiga:
“Tía, cuéntamelo todo! Cómo fue? Yo estoy en la playa y tú? En algún hotelito romántico?”
Respuesta: “Durmiendo en mi cama. Luego te cuento”

Pues anoche tuve una cita con él. Lee el resto de esta entrada

Del ritual de la depilación y sus razones (el vino)

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k-p-wine

Todo empieza con un plan:
● Vamos esta tarde a la playa?
● Te invito a comer. Los dos solos, tu vino favorito, nadie en mi casa…
● Salimos de fiesta, MariCarmen, porfa? Me pondré la minifalda, y tú?
● Dos años de la última citología ya? Joder, joder…

Y me miro las piernas. Si me paso la SilkEpil puede pasar, pero más arriba hay una catástrofe que sólo puede remediar la cera y unas manos expertas.
En realidad a mi ginecóloga le importa tres pitos mis pelos de más, a mi amiga incluso le divierte que le enseñe mis pelajos:
-Mira, ves cómo no me tenía que haber puesto la falda? Si es que me lías…
En la playa si no me muevo demasiado pueden pasar, incluso desapercibidos.
Pero…
Una invitación…
A mi vino favorito…
Y los niños colocados con su madre que vive a diez quilómetros…
Incomunicados…
Se merece la visita al primer sitio que depilen exprés. Que mi vino favorito se lo merece, y aunque después de las tres copas que me beberé (copas de esas grandes que yo utilizo de florero) no me importará si voy depilada o con las bragas de mi abuela (es una expresión, yo no utilizo esas bragas), y después del revolcón me habrá parecido incluso un despilfarro ir a depilarme (porque vaya precios, coño!) y tendré que ir a la playa aunque no me apetezca para rentabilizar el gasto (y así cojo color, que empiezo a hablar sueco)
Voy al sitio ese, tengo varios favoritos (soy algo casquivana, ya me conocéis), me empapo de bodas, romances y funerales de las revistas, acepto un café que me ofrecen (hacer gasto, con lo que cobran…), tuiteo dos chorradas (pero muy graciosas) y me llaman. O sale el número que tengo hecho una bolita en el pantalón del vaquero (me he tenido que poner vaqueros, con estos pelos…).
-Túmbate, ponte estas braguitas y ahora vengo.
Y me deja en bragas (de papel) la muy zorra, tumbada en una camilla en la que no quepo ni de lado (aquí he exagerado un poco), pensando en el ridículo que haría si ahora se declarase un incendio.
-Qué vamos a hacer?
No te jode! Un cunnilingus, si te parece! (Eso lo pensé, no soy tan borde) He venido a depilarme, recuerdas? Medias piernas y brasileñas. No, no, caribeñas. Ay, qué lío (siempre me lío), tú vete quitando, ya te aviso yo.
Y me da conversación. Perdona bonita, pero prefiero que me des un Valium o Morfina. Que qué calor (o qué frío, también me depilo en invierno), que ya tenemos aquí las vacaciones, que estira aquí y respira hondo…
Y me pregunto si merece la pena, y me arrepiento. Tarde. Demasiado tarde. Y me acuerdo del momento en el que paría (una de las veces que parí), que pensaba: Pues mira, ahora no me apetece quedarme embarazada, que se detengan las contracciones y me receten la píldora.
Pues lo mismo, pero sin bebé.
El vino exquisito.