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De los WC públicos (y cosas que hacer en ellos)

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Es curioso el contrabando entre chicas en los váteres públicos.
-No hay papel, ¿tú tienes? Pásame un trozo, tía…
-Toma un kleenex, el rollo está vacío.
Y se pasa un pañuelo por debajo de los paneles separadores como la que está pasando hachís de primerísima calidad. Lee el resto de esta entrada

De mis propósitos (de este año no pasa sin…)

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Hace  cinco meses que llevo en este año, como todo el mundo, vamos, y aún no he cumplido todos mis propósitos.

⇒Aprender a bailar el Hula Hop de una vez, mi gran frustración, y no habrá sido por falta de caderas, no!
⇒Que me toque una primitiva de millones. Creo que será la única solución de mis problemas financieros, porque para la prostitución de lujo llego algo tarde.
⇒Mantener intactos mi culo, mi mala leche, mis dioptrías, mi sentido del humor, mi coche (es muy viejo y no me puedo comprar otro), mis canas, mi optimismo, mi(s) ángel(es) de la guarda, mi ironía y mi nulo sentido de la orientación (es muy divertido cuando me pierdo)
⇒Moderar mi ingesta de Nocilla, chocolate y chuches. Engordan y dan dolor de tripa, aunque también dan gustito.
⇒Asistir de una puñetera vez a una reunión de TupperSex, o que algún ser generoso me regale unas bolas chinas (aunque sean italianas)
⇒Refinar mi vocabulario, basta de tacos y groserías! A ver cómo coño lo hago, por cierto, que tengo una boquita…. https://soyneurastenica.wordpress.com/2015/01/15/viva-la-ordinariez
⇒Aprender a hacer tiramisú, un pollo entero al horno que no parezca un damnificado por un tsunami y a picar perejil como los cocineros de la tele, qué fenómenos…
⇒Continuar tomando helado de After Eight en cualquier época del año y a cualquier precio.
⇒Comprarme un DVD (no tengo DVD, pasa algo?) y hacer una maratón de películas de Hitchcock o de esas románticas y no parar de llorar en toda la tarde animada por media docena de copas de vino, de ese que tú y yo sabemos.
⇒Aprender a saltar el potro o a patinar. A la mierda mi integridad física!
⇒Comprarme una bici y sacarla tres veces de casa para luego dejar que se pudra en el trastero. Lo hace todo el mundo, no?
⇒Poner un candado en el puente Vecchio con mis iniciales y las suyas. Necesito comprar un candado, por cierto!
⇒Tomarme un gintónic en la terraza Alaire, en Barcelona.

De las amigas (esas pelandruscas maravillosas)

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Mamá y sus amigas

Los hombres jamás entenderán la relación entre amigas. Que podamos pasear cogidas de la mano, tocarnos el culo para comparar flaccideces, tetas confirmando que los implantes siguen ahí o darnos un pico cuando hemos bebido un poco más de la cuenta, sin que haya atracción sexual. Lee el resto de esta entrada

Lo que ocurra en Las Vegas…

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Algún día viajaré a Las Vegas contigo, cuando seamos unas venerables ancianas (venerable anciana significa vieja verde, no?) con $ 10.000,00 en la maleta para fundir. Porque no hay otra opción que fundirlos, no sé jugar a nada de lo que se juega en un casino.
La ruleta sé que gira, tiene numeritos de dos colores, se le tira una bolita y donde caiga, pues eso, el numerito es el ganador.
Al Blackjack se juega con cartas. Pero con esas que tienen corazones, tréboles y otros dibujitos. Hasta ahí.
Máquinas tragaperras para echar moneditas y que se queden ahí dentro por siempre jamás. Siempre he pensado que van a parar directamente a Fort Knox, bobadas mías, que soy muy malpensada.
Comeremos cochinadas de buffets libres y McDonald’s y después nos montaremos en esa montaña rusa tan famosa y vomitaremos al bajarnos. Beberemos alcohol hasta caernos de culo y piropearemos a los botones, crupiers y recepcionistas guapos hasta que nos echen de los locales. Veremos el espectáculo de las fuentes del Hotel Bellaggio y vocearemos: ¡La fuente Luminosa de Salou mola más! Haremos excursiones al Gran Cañón y gritaré el nombre del conductor del autobús para que el eco lo repita y nos mearemos de risa con la cara que pondrá el pobre hombre, un cincuentón calvo con una camisa sudada azul marino. Jamás sabremos qué refunfuñará, nuestro inglés es de trapillo.
Luego cuando ya no nos quede dinero, volveremos a casa con el hígado latiendo y siete quilos de más, con una tiara de diamantes falsos en la maleta y ochocientas cincuenta fotos en la cámara, de las cuales quinientas quince serán selfies de esos en las que salimos tan horribles.
Lo prometo.