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De los abanicos

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Mujer detrás del abanico-Maleta de Recortes

Ya ha llegado la época de abanicarse, y yo tengo unos cuantos que he ido recolectando por los cajones, propios y ajenos. Los de mamá, quiero decir, no voy robando abanicos por ahí. Por lo menos de momento.
Los tengo de todos los colores, de todas las texturas y de todos los sonidos. Sí, sí, sonidos. Ese ruidito que hace al abrirse, y que hace que salga mi vena folclórica. Que me cambia hasta el acento!
-Ohú, qué caló!
Y lo cierro:
-Miarma -señalando con el abanico cerrado- una servesita de esas, ar favor!
Y lo vuelvo a abrir sonoramente. Porque los abanicos se abren con soberbia, y arrogancia, mirando alto, haciendo que te miren y piensen: La joía, qué fresquita está! Y abrirme el escote y abanicarme sin pizca de pudor de arriba a abajo. En verano está todo permitido.
Y conocer el lenguaje secreto y decirle al camarero con gestos que la cerveza la quiero con un chorrito de limón, y como no conozco esa jerga me fastidio y se lo digo cuando me la trae y el pobre tiene que dar otro viaje a la barra. Sin abanico, ya ves…
O hacerle señales a cualquiera de esos adonis que se se sientan en las terrazas y decirles:
a) Que sepas que si intentaras besarme no opondría ninguna resistencia.
b) Ni me mires, mis hijos me vigilan. Apunta mi móvil: 6… 2… (cómo serán los números en lenguaje abanico?)
c) Nos conocemos, tú no eres el dependiente de esa tienda de telefonía móvil que… deja, deja, esta conversación es muy complicada para un abanico. Le guiño un ojo, que es más directo.
Me encanta ponerle énfasis a mis conversaciones dando golpecitos con él y señalar al cielo, y a un señor que pasaba por ahí, incluso rascarme con él. Es una prolongación de mi mano, y si los mosquitos me han picado los tobillos no necesito agacharme para desollarme. Además es un artilugio que puedes encontrarte en cualquier sitio y circunstancia. A una beata abanicándose en misa de doce con un abanico sobrio y de puntillas negras, o a mí en la playa con uno de colores chillones estrujándome la parte de arriba del biquini del exceso de agua (el glamour y yo nunca nos hemos llevado bien).
O el mismo abanico de los chinos en un funeral en Agosto, y simultáneamente en una fiesta after en Pachá Ibiza.
Ahora me estoy abanicando con el número uno de una colección que no acabé: “Abanicos” (asombroso título), aunque creo que voy a poner el aire acondicionado, es menos romántico pero más práctico, dónde va a parar!