De aquellos viajes, no aptos para cobardes.

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Una aventura el puenting? El interrail? Tener sexo esporádico sin condón?
Ja!
Una aventura era cruzarse la Península Ibérica con su Meseta Central, su Puerto de Pajares y todas sus carreteruchas regionales en los años 60, 70 y 80 en Agosto. Sin aire acondicionado o nada que se le pareciera (la botella de agua congelada no llegaba ni fresquita a la siete de la mañana).
Porque a las siete de la mañana ya teníamos ganas de siesta, papá nos hacía madrugar tanto que cuando se hacía de día ya habíamos desayunado dos veces.
La aventura empezaba doce o quince días antes cuando mamá iba a la peluquería a hacerse la permanente y empezaba a entrar en pánico y a guardar en la maleta la ropa que ya no nos pondríamos hasta que la abriéramos en el destino, desprecintaba las bragas que había comprado para la ocasión (en vacaciones se estrenaban bragas, como los burgueses) y las colocaba en aquella maleta verde de skai que sacaba de nomeacuerdodónde, y en la que siempre, siempre, se descubrían cosas dentro. Porque a ver quién no guarda porquerías dentro de las maletas, para eso están. Encontrábamos cosas perdidas durante el invierno, y que volveríamos a perder durante el siguiente irremediablemente:
-Mira dónde estaba el cinturón marrón, la madre que lo parió! (Mamá y sus expresiones)
-Ya te lo decía yo, pero como no me haces caso…-le decía papá resignado y convencido de que no le escuchaba.
Y ahí empezaba la típica bronca prevacacional de la familia Marqués, tan típica como la música de Luis Lucena y sus gorgoritos:
“Ay que chófer, vaya chófer, pero qué felicidad…”
La noche antes, el pasillo de casa se llenaba de maletas, paquetes y cajas que papá pacientemente hacía encajar en el maletero del coche (o en la baca si nos habíamos pasado con el equipaje) por orden de prioridad. De la suya, claro, porque la comida siempre acababa sepultada entre trastos y bolsas.
-De qué quieres el bocadillo?
-De tortilla!
-Y tú?
-Eh! No has hecho de Nocilla, jolín!
-Mari, esa boca coño!
Ni en vacaciones me dejaban dar rienda suelta a mi vocabulario…
Y tan típico como las broncas, la música del radio-cassette y los bocadillos de carne empanada (que sabían a viaje) eran los mareos en los puertos de montaña o en esas llanuras castellanas donde se podía ver el horizonte temblando por efecto del calor y los espejismos. Y vomitar el bocadillo de hace tres horas.
-Tú mira para “alante”, que te vas a marear otra vez.
Y mi hermano se volvía a marear, era un blando…
Y las ganas de hacer pis, que el pis no aguanta, y si me meo, me meo.
-Papá, no aguanto… -le decía con ojitos
Y agacharme entre árboles, matojos o las puertas del coche abiertas para que no me vieran el culo.
Y recoger a una autoestopista que iba a Barcelona cuando Barcelona era la otra parte del mundo, que nos hiciera una foto y nos la enviara con una bonita carta.
Y dormir. Dormir en el asiento de atrás. Y despertarnos preguntando dónde estamos, que si falta mucho.
Y llegar al destino y que nos dijeran lo mayores que estábamos, y qué cambiados, desde la última vez.
Qué cosas… Si ahora alguien me dice lo mismo le dejo de hablar.

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Acerca de MariCarmen

Una superviviente en un mundo de hombres (qué ilusión, siempre quise decir esto) Madre, hija, hermana, esposa... de hombres. Cuando llega una nueva mujer a mi vida me siento un poco más liberada de la presión. Si hasta los gatos de papá son chicos! A ver qué sale de aquí. Todos los datos son estrictamente reales salvo algunos, siempre hablaré en primera persona salvo alguna vez y nunca mentiré, exageraré o fantasearé salvo en contadas ocasiones. Algún secreto puede salir maquillado como literatura y alguna experiencia que me apunte como personal puede no serlo. No lo desvelaré jamás, a no ser que me emborraches y me jures amor eterno. Los nombres de las terceras personas no son siempre reales. Las terceras personas no son siempre reales.

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  1. Yo aún no puedo decirte cuanto has cambiado desde la última vez, porque todavía no ha habido vez primera. Pero si puedo decirte aquí y ahora, que además de traerme unos cuantos, tantos, muchos recuerdos provocadores de más de una sonrisa mañanera, me lo paso pipa con tus historias…

    Lo sepas.

    Un besete Senyureta cuenta historias.

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  2. Jajaja muy divertida e ingeniosa tu historia… para mi el viaje comienza antes de arrancar el motor de ese coche, antes de preparar los bocadillos, la maleta o incluso planear el itinerario, para mí comienza justo en el momento de saber que viajaras… y es que dicen que la felicidad se encuentra en la antesala de la espera…tu qué crees?

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