De mis miedos (in)fundados

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JanetLeigh-Psicosis-1960

El miedo es muy libre. En mi post miedo a volar https://soyneurastenica.wordpress.com/2014/11/13/de-mi-miedo-a-volar/
sólo sacaba la cabecita una parte de mi Yo más “cagaina”, pero hay más.

Quién no ha entrado en el coche, de noche en la calle o en el garaje y ha mirado en el asiento de atrás antes de arrancar? Ah, nadie? Pues yo sí, y reconozco que cuando miro lo hago con banda sonora de película de suspense incluída, lo que no sé es lo que haría si me encontrara a alguien -Hola, buenas noches, a dónde le llevo. Ah, pero que viene a asesinarme? Qué faena, justo ahora que iba a depilarme… bueno, ese suplicio que me ahorro! Haga, haga!

Cuando recojo las sábanas que ondean al viento en mi soleado terrado (acabo de escribir yo eso? Dios santo!) no puedo evitar pensar que alguien me va a sorprender cuando las descuelgue. Una figura que no estaba allí, de repente aparece detrás de mi sábana encimera (es curioso, las sábanas bajeras con sus gomitas en las esquinas no me inspiran esa escena) y, cómo no, pretende asesinarme o dejarme tullidita.

Un miedo nuevo que acabo de adquirir es una secuela de mi claustrofobia gracias a “La Cabina” ( no voy a regodearme en explicar el pánico de quedarme encerrada dentro de un váter público sin cobertura, e imaginarme que nadie me echará de menos, y moriré tres días después desnucada al dormir con la cabeza apoyada en la taza) y consiste en quedarme encerrada dentro de mi propia chaqueta. Una cremallera que no baja, un sofocón repentino, la cremallera que sólo sube, la muy zorra, entrar en una tienda con el termostato a 35º, imaginarme meses más tarde en junio con la chaqueta aún puesta… porque coger una tijeras y abrirla por las malas da pena, está casi nueva.

Un pánico un poco tonto que me genera cierto desasosiego es que no me funcione la tarjeta en el peaje, y no llevar dinero en efectivo. Qué vergüenza! Los coches pitando detrás mío, el empleado de ACESA perdiendo los nervios…

Ir a sacar dinero del cajero y oir que alguien más ha entrado. Imaginarme un encapuchado con una pistola en una mano y un hacha en la otra, que en cualquier momento se acercará a mí por detrás a pedirme el dinero de mi cuenta corriente, y como está pelada la pobre, me mata y me remata sin darme tiempo de encomendarme a dios ni al diablo (o de pintarme los labios, un cadáver bien maquillado es mucho más agradable de ver) Cuando me giro es un trabajador de un taller cercano que muy educadamente me da las buenas noches.

Cuando me sacan sangre no puedo evitar pensar que la aguja se va a romper dentro de mi vena y hará barranquismo por mi torrente sanguíneo hasta llegar al primer órgano vital donde se quedará a acampar para hacerme morir de una manera lentísima y dolorosísima.

Esos ruidos de mi casa que solo oigo cuando estoy sola, en mi cama, de noche. Es muy sospechoso. Porque sugestión, cómo va a ser sugestión! Son los violadores/asesinos/ladrones/obispos que saben que estoy sola y desvalida y aprovechan para arañar el suelo y dar golpecitos en las paredes para que yo no pegue ojo.

Y el rey de todos los miedos, mi pánico que supera lo insuperable es a los bichos que vuelan: Abejas, avispas, moscas de más de seis milímetros, mariposas (las pobres, con lo coloridas que son), una hoja de perejil o la sombra de mi propia mano.

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Acerca de MariCarmen

Una superviviente en un mundo de hombres (qué ilusión, siempre quise decir esto) Madre, hija, hermana, esposa... de hombres. Cuando llega una nueva mujer a mi vida me siento un poco más liberada de la presión. Si hasta los gatos de papá son chicos! A ver qué sale de aquí. Todos los datos son estrictamente reales salvo algunos, siempre hablaré en primera persona salvo alguna vez y nunca mentiré, exageraré o fantasearé salvo en contadas ocasiones. Algún secreto puede salir maquillado como literatura y alguna experiencia que me apunte como personal puede no serlo. No lo desvelaré jamás, a no ser que me emborraches y me jures amor eterno. Los nombres de las terceras personas no son siempre reales. Las terceras personas no son siempre reales.

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